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- Al Hospital Universitario de Seúl, por favor.
El conductor del taxi, sin mediar palabra, puso en marcha el
vehículo. La radio estaba encendida, retransmitían un partido de.. ¿baloncesto?
quizás. Lo cierto es que no prestaba demasiada atención a eso, pero realmente
agradecía que así fuera, de ese modo me ahorraría la molesta situación de tener
que ignorar durante todo el camino a un chofer demasiado hablador.
Llovía. A través de los cristales cerrados del taxi pequeñas
gotas de lluvia se deslizaban por el vidrio, tapando las miles de escenas
callejeras que sucedían fuera: personas correteando en busca de una zona con
techo donde no mojarse, niños buscando pequeños charcos de agua para saltar en
ellos mientras sus madres gritaban histéricas tras ellos, adolescentes
peleándose con sus paraguas y chubasqueros en contra del viento, conductores
orquestando una especie de sinfonía maquiavélica en cada atasco como si aquello
les ayudara a llegar antes a sus destinos... Mi chofer no tardó demasiado en
unirse a dicha sinfonía.
- ¡¡Venga ya joder!! ¡Es para hoy! -comenzó a gritar como
poseso el hombre sacando la cabeza por la ventana, luego me miró de reojo,
tratando de disculpar su comportamiento - Estos conductores novel de hoy día,
no sé dónde les han dejado sacarse la licencia de conducir. - Murmuró volviendo
a poner su vista en la carretera y mirándome únicamente por el retrovisor. Yo
preferí ahorrarme el indeseable comentario que pensaba en aquel instante y
simplemente pestañeé y volví de nuevo mi vista hacia la ventanilla. Aquello
parece que fue suficiente para que dejara de hablar conmigo, al menos, por unos
minutos. Luego volvió a comentar - Odio los días lluviosos, son atascos por
todos lados. ¿Tiene prisa señor...?
- Jun Hyung - completé, sin apartar la vista de la ventanilla
- No, no tengo demasiada prisa.
Suspiré. Días lluviosos... todo el mundo los odia o los ama.
O una cosa o la otra, la lluvia era ese tipo de fenómeno que no puede pasar
desapercibido o indiferente a los demás. Hagas lo que hagas, siempre te afecta
de una u otra forma.
Yo solía amar los días de lluvia. Incluso ahora, no puedo
sentir que no me gusten pero me traen demasiados recuerdos, y todos ellos son
demasiado buenos o demasiado malos, demasiado importantes para que pueda
simplemente olvidarlos y disfrutar del agua de la lluvia caer sobre mi rostro
como antes.
Aquel día estaba lloviendo. El día que le dejé irse. Aquel
día... llovía.
Sólo
estoy decepcionado de mí mismo por no ser capaz de aferrarme a ti debido a este
orgullo.
En
los días lluviosos vienes y me encuentras torturándome a través de la noche.
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Podía ver la furia en su mirada, a través de sus lágrimas,
podía verle temblar bajo la lluvia y no temblaba de frío, sino de odio, de
rabia.
- ¡Mentiroso! -gritó- Eres un maldito mentiroso. ¿No puedo
vivir sin ti? ¿Estaremos juntos para siempre? -rió con sarcasmo mientras
lágrimas de desesperación caían por su rostro junto a las gotas de lluvia. -
¡Una mierda! Palabras vacías, sin significado. Pensé que... pensé que al
decirlas tú tendrían algún valor. ¡Qué estúpido! -desvió la mirada,
mordiendo sus labios por la impotencia. Era tan transparente... tan
malditamente transparente que le odié por ello, por poder ver a través de él...
Porque me dolía lo que veía en su interior.
- ¿Por qué yo iba a ser diferente? - bufé, sonriendo de medio
lado mientras clavaba una fría mirada sobre él - Yos... - suspiré, reprimiendo
aquel estúpido mote con el que lo llamaba siempre- Yo Seob, - dije finalmente -
sólo soy alguien más. Nadie especial, no soy mejor que el resto. Y si así lo
creíste... - encojo los hombros indiferente - es tu problema.
Volvió a mirarme. Estaba dolido, tan dolido que su dolor
atravesó mi pecho como un puñal de fuego que derritió mi frío corazón hasta
convertirlo en agua tóxica para el consumo. Y corrió... Salió corriendo en
mitad de la noche a través de la lluvia, huyendo de mí y del dolor que mis
palabras le causaron. Tratando de escapar de mí, y yo... le dejé escapar. Lo
hice. Y no puedo decir que me arrepienta por lo que sucedió aquel día, no suelo
arrepentirme de mis acciones y de todos modos, ya no importa. Aunque me
arrepienta no puedo cambiarlo. Es demasiado tarde porque aquella fue la última
vez que lo vi.
Bueno... Hasta hoy.
Ahora
he borrado todo de ti. Vacié todo de ti... Pero cuando la lluvia cae de nuevo
todos los recuerdos que escondí con esfuerzo regresan.
Debe
ser que te están buscando.
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Me sorprendí de mi propio
vocabulario, nunca antes había sido capaz de pensar en tantas palabrotas juntas
cuando le vi aparecer frente a mí. ¿Por qué él? ¿Por qué ese día? ¿Por qué en
aquel maldito ascensor donde no tenía escapatoria? Ahora, ambos estábamos
absolutamente solos, encerrados en un cubículo de menos de tres metros
cuadrados hasta dios sabe cuándo. Al parecer había un corto en la luz de todo
el edificio…. ¿¡Qué mierda de hospital podía quedarse sin luz!? Joder…
Él se había dado cuenta de que
era yo cuando las puertas del ascensor ya estaban cerradas y yo no había
alcanzado a llegar al siguiente piso para salir pitando de allí. Suspiré,
apoyando ambas manos en la barra de la pared y miré de forma distraída a la
puerta, no podía mirarle a él, no podía. A penas nos habíamos dirigido un
extraño “¿Qué es eso?” cuando el ascensor paró.
- Y… bueno… ¿cómo estás Jun? –
habló. ¿Habló? ¿Me estaba preguntando a mí? Incrédulo, le miré nuevamente.
- Bien… - dije a penas,
rascándome la nariz con el dedo índice sin añadir nada más. No tenía
intenciones de hablarle por lo que volví la vista hacia el frente y recé por
qué alguien la abriera pronto y nos sacara de allí. Él se quedó en silencio
unos segundos, probablemente dándose cuenta de que era un error intentar tratar
conmigo.
- ¿Enfermo? – preguntó después
de un buen rato. Aún sin mirarle directamente podía notar el juego de los dedos
en sus manos, estaba incómodo y aun así intentaba mantener una conversación conmigo
o tal vez estaba realmente preocupado por mi salud.
- Sólo vengo por los resultados
de unos análisis.
- ¿Análisis? ¿Tienes algo? –
noté su mirada clavada en mí y supe que acababa de preocuparle. ¿Por qué se
preocupaba? No tenía derecho a preocuparse por mí… No, más bien yo no tenía
derecho de preocuparle a él. Resoplé.
- No lo sabré hasta saber los
resultados. -encogí los hombros y me digné nuevamente a mirarle. Cambié el tema
- ¿Qué tal tú con… - fruncí el ceño fingiendo pensar o tratar de recordar algo
que sabía perfectamente – Doo Joon? – pregunté finalmente con cierto veneno en
mi voz. Él pareció sorprendido de que supiera que estaba con otra persona.
- ¿Cómo… - comenzó a preguntar,
ladeando el rostro confuso pero luego negó y desvió la mirada – Nos va bien…
Muy bien. – su tono fue firme y ciertamente algo desafiante y yo sonreí de
medio lado y dejé de mirarlo, no lo soportaba durante demasiado tiempo. Además,
ya había logrado lo que quería, distraerle y desviar el tema de mi salud hacia
otro lado.
- Me alegro.
El silencio creado los minutos
siguientes comenzaba a enloquecerme. Aire, necesitaba aire, necesitaba no
respirar aquel familiar aroma que comenzaba a nublar mi mente como si de veneno
para mi cuerpo se tratara.
- Él no se va. No me abandona.
No me deja sólo en un apartamento vacío durante días. Él está siempre, cada
día, siempre que lo necesito está… en algún lado donde yo pueda encontrarle y
acudir a él. No me hace sentir sólo, con él… no tengo esa constante inseguridad
de pensar que algún día va a desaparecer frente a mis ojos para no volver nunca
más.
- Como te sucedía conmigo… -
completé la idea que había comenzado a tratar.
Frío, dolor, remordimientos,
culpa, más dolor, desesperación, rabia, celos… Pero sobretodo frío. Aquel frío
que habitualmente envolvía mi vida y que en determinados momentos sentía de
manera más intensa como si en mi interior también existieran las estaciones y
de pronto llegara el invierno… Mi vida, tan sólo había tenido un verano y ese
fue el breve pero intenso tiempo que pase junto a él. ¿Por qué permití que
volviera a llegar aquel frío y terrorífico invierno?
- Sí – aceptó – como me sucedía
contigo.
Y entonces… ira. Aquella
desbordante e incontrolable sensación de querer pegarle un puñetazo a algo, o
alguien, porque nadie era capaz de romperme la cara y aquello era justo lo que necesitaba
que hicieran. No tenía derecho a quejarme, a sentir celos o a estar molesto.
Pero lo estaba… A pesar de saber que cada palabra que había dicho era cierta,
me molestaba pensar que ya no era mío. No lo era… ¿verdad?
- Pero a él no lo amarás nunca…
jamás… nunca lo querrás como me quisiste a mí. – pronuncié con lentitud pero
firmeza cada una de mis palabras, con una seguridad que no sentía en realidad,
pero que sabía simular demasiado bien. Él se mantuvo en silencio, y yo no pude
soportarlo más. Tan sólo bastó un ligero empujón para tenerlo contra una de las
esquinas del ascensor con mis labios tan sólo a unos pocos centímetros de los
suyos. Sentí el ritmo de su corazón acelerarse con mi cercanía, sus
extremidades temblar y su cuerpo estremecerse y yo ya no tenía razón de mí
mismo para volver a alejarme. Me acerqué un poco más y lo besé con hambre, con
sed y con una intensidad y profundidad impropias en mí. Probablemente nunca
antes le había besado de aquel modo, ni siquiera estando juntos porque nunca
antes había sentido tanta necesidad de sus labios, de su saliva y de su lengua
como en aquel instante. Como un adicto regresando a las drogas después de meses
desintoxicándose y de pronto sufre una sobredosis al verse expuesto a la
tentación.
Y él me correspondió, me
correspondió con la misma profundidad y desesperación… En algún lugar de mi
mente le odiaba por aquello, por dejarse besar, por dejar que ahora mi mano se
paseara bajo su camiseta recorriendo su piel como si aún me perteneciera. Tenía
que apartarme, tenía que empujarme lejos y hacerme ver que no era así, que no
podía tocarle, ni besarle, ni mirarle nunca más porque ya no era nada mío. Pero
en lugar de eso temblaba, se estremecía con mis caricias y buscaba mi lengua
con la suya mientras acortaba la distancia entre nuestros cuerpos.
Un ligero parpadeo en la luz
del cubículo indicaba que el ascensor volvía a funcionar y, pocos segundos
después el suelo bajo nuestros pies tembló con suavidad cuando comenzamos a
ascender. Me aparté de él bruscamente, recuperando el aliento y desvié la
mirada de aquellos suplicantes ojos que me pedían a gritos que no me alejara
nuevamente. Pero el tiempo había acabado y una irritante campanilla tintineó al
aviso de que las puertas del ascensor se abrirían en unos instantes.
- No. Nunca amaré a nadie… ni
una cuarta parte, de lo que te amo a ti. Pero… parece que el amarte nunca fue
suficiente para retenerte a mi lado. – susurró a penas sus palabras pero pude
oírlas claramente. Me miró y por unos segundos creí que quizás la primavera podría
llegar sólo si conseguía que me mirara de aquella forma un poco más de tiempo.
Salió del ascensor y se giró
para mirarme, como si esperara que abandonara aquel solitario y frío lugar para
seguirle. Yo lo pensaba, me debatía interiormente pensando en qué era lo mejor…
quería ser egoísta y seguirle, tomarle y no dejarle marchar más pero…
Y mientras lo pensaba,
lentamente las puertas del ascensor fueron cerrándose hasta que fue demasiado
tarde para volver a abrirlas.
Lentamente, poco a poco, te detendrás
también.
Para ti, ahora no hay camino de regreso
para mí.
Mi puntuacion para este fanfic es de 3 y realmente no le doy más porque no puedo XD Sencillamente me ha encantado. La redacción es buena, la ortografía impecable. La trama deja con ganas de más y todo el fragmento de principio a fin esta cargado de fuerza y emoción, de recursos literarios como la repetición, las metáforas y las comparaciones algo que le aportan, sin duda, para mí algo que le falta a los demás fics que he leído hasta ahora... calidad literaria.
ResponderEliminarAdemás no soy muy fan del Junseob, ni de Beast. Y sin embargo me gusto bastante. Por lo que tiene bastante merito XDDDD
¡Mis sentimientos de Beauty han salido a la luz con este oneshot! Mi puntuación es un 2 sobre 3, ahora procedo a explicar el por qué.
ResponderEliminarHay recursos literarios que han hecho que la narración sea muy buena y la manera en la que has redactado ha permitido crearme ese tono grisáceo de un día lluvioso idóneo para leer este oneshot, además de darme esa sensación de tristeza ante el sufrimiento de JunHyung. Sin embargo ha habido alguna parte que se me ha hecho más pesada y para no perder el hilo de la historia he tenido que releer, como por ejemplo la escena en el ascensor, creo que han habido diálogos demasiado extensos para esa escena que en cambio si los hubieras puesto en otro lugar hubiera quedado aún mejor.
Aún así has hecho muy buen trabajo a mi parecer con este oneshot y ese final que te lo dice todo pero a la vez nada me ha encantado ^^
Le doy un 2, me ha gustado la trama y la ortografía es muy buena, en general me ha gustado todo pero a habido algunas partes que se me han echo algo pesadas.Fighting!
ResponderEliminarMuy bonita la historia *.* Ahora la lluvia ya no tendrá el mismo significado ;w; Parece que todo lo "malo" de Hyung me estuviese pasando a mi ;______; Le doy un 3!
ResponderEliminarMi puntuación es de 3. Ya no suelo leer muchos fics de BEAST pero este me ha hecho querer volver a leer algo y que este fanfic fuera más largo y pudiésemos sufrir con Junhyung un poco más (que cruel, pobre xD).
ResponderEliminarRepetiría todo lo que han dicho ya en otros comentarios sobre la escritura pero no podría aportar nada nuevo. Estoy completamente de acuerdo con lo que han dicho sobre los recursos y la escritura y la trama. Me gusta el uso de las escenas del fanfic para explicar lo que ocurrió en el pasado.
Y sobre todo me gusta que termina el fic sin que sepamos exactamente qué le ocurrió a Junhyung para dejar a Yoseob pero podemos intuirlo y crearnos un final acorde con nuestros gustos.
^^ ¡Suerte!