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Año 34, de
la Dinastía Han (168 a .C.)
Las
conquistas de China se extendían cada vez más y más, llegando a territorios
desconocidos como eran los occidentales, tras el desierto; y en el límite
oriental, tierras muy conocidas, demasiado conocidas, que tendían a rebelarse y
había que doblegar.
El
general Wu, comandaba la división del ejército destinada a la región que se
rebelaba esta vez. Sus hombres, algunos con apenas la mayoría de edad cumplida,
se dirigían hacia aquella región. 1000 soldados a su cargo, que tenía que
liderar, cuidar y entre los que tenía que hacerse respetar.
Moviéndose por barco primero, para llegar rápidamente a la península y
luego andando, a través de aquel territorio desconocido, con unos cuantos
guías, llegaron a la región revelada y atacaron sin piedad, arrancando de raíz
el problema.
Unos
cientos de bajas en su división, pero podría haber sido peor, ya que fue una
lucha encarnizada, por lo que el general Wu, estaba satisfecho con el trabajo
realizado. Unas semanas tuvieron que esperar hasta tener las noticias desde la
capital China. El emperador los felicitaba por su gran trabajo y les
encomendaba la misión de quedarse allí, para que el territorio no se volviera a
rebelar. Pero para eso, el general Wu no necesitaba 875 soldados, por lo que,
500, fueron enviados de vuelta a casa.
En el
momento en el que esos hombres partieron, es cuando comienza nuestra historia.
Xi
LuHan, a pesar de su apariencia de niño, era uno de los tres subordinados
directos del general Wu. Con una inteligencia superior a la de la media, era el
estratega de las batallas. Dónde él estaba, el ejército chino, ganaba la
contienda. A pesar de sus apenas recién cumplidos 24 años, había llegado muy
lejos, como su general, Wu Fan, que con su misma edad, se había convertido en
uno de los más galardonados, tanto por sus victorias, como por su fama de
sanguinario en las batallas. Otro de los hombres era Zhang YiXing, el médico de
la unidad, que con 23 años había tratado a tantos soldados, que tenía los
mayores conocimientos de cómo tratar todo tipo de heridas. Y el último, pero no
por ello menos importante, Hwang ZiTao que a sus 21 años, era el mejor soldado
con diferencia de todo el ejército chino.
Los
cuatro, comenzaron a dirigir la región, y cada uno desempeñó los cargos que les
fueron encomendados por el poder imperial.
Un par
de años desde su llegada a aquel lugar habían pasado ya y tras los primeros
meses de rebeliones infructuosas, la población del lugar se dio por vencida y
comenzaron a vivir en paz, gobernados justamente, dentro de lo que cabe, por
ellos cuatro. La vida era agradable desde entonces, tranquila y relajada para
todos, pero pronto, se comenzó a forjar una rebelión, una rebelión que nadie se
esperaba y que ya no pudo ser aplacada, pero eso fue meses después del momento
en el que nos encontramos ahora.

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