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Me desperté como cualquier día, aunque por un momento lamenté no haberme quedado dormido para siempre. Mi vida se había hundido de un momento para otro. ¿Se puede saber qué narices había ocurrido? No me sentía bien con nadie, ni si quiera conmigo mismo. ¿Qué me quedaba? Nada. Absolutamente nada. Ni familiares, ni amigos... ni nada. Bueno, sí, ahí estaba Key, aunque más que un amigo era un hermano, y aún así no teníamos la misma relación que antes. ¿Por qué? ¿Por qué había cambiado todo de esa manera? No aguantaba más, no podía seguir con esos pensamientos en la cabeza. Me di una rápida ducha, me vestí de forma sencilla y, todavía con los mechones del cabello goteando, salí de mi apartamento. De ese silencioso, aburrido y deprimente apartamento. Estar solo todas las noches... qué vida más triste. Sin saber cómo, fui a parar a un parque que no había visto nunca. Sí había pasado varias veces por ese lugar, pero no debí de reparar nunca en él. Me senté en un banco y me puse los auriculares, quizás ese se convertiría en mi nuevo lugar para desconectar del resto de la humanidad y relajarme. Miré la hora y me sorprendí, todavía eran las once, ¿tan temprano había salido de casa?
Cerré los ojos y estuve a punto de quedarme dormido, pero noté la presencia de alguien y me sobresalté.
—Oh, lo siento... ¿te he despertado?
A mi lado estaba sentado un chico alto, con el pelo no muy corto y de color negro, que parecía estar muy bien cuidado.
—¿Qui...quién eres? —todavía estaba algo estático— ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
Él sonrió, y se quedó en silencio por unos segundos que resultaron un tanto incómodos para mí.
—El tiempo suficiente como para saber que pones un volumen bastante alto en tus auriculares —sonrió de nuevo—, han pasado un par de canciones desde que estoy aquí.
—No has contestado a la primera pregunta.
—¿Que quién soy? —alzó la mirada— Eres tú el extraño aquí, éste es mi lugar de pensar desde hace ya un par de años —iba a contestar, pero me interrumpió—. Aunque si quieres lo compartimos.
Definitivamente a ese chico le faltaba un hervor. Seguía mirándome, esperando una respuesta que no obtuvo. No habituaba a hablar con tanta confianza con alguien a quien acababa de conocer.
—Minho —hizo una pausa—, ¿y tú eres?
—Ta-Taemin. —¿Por qué tartamudeaba? ¿Se podía saber qué me pasaba?
—¿Y bien? —sonreí extrañado, no sabía a qué se refería— ¿Quieres que compartamos este lugar?
¿Estaba hablando en serio? Genial, salía de casa para relajarme y aparecía un loco en mi vida. Pero la verdad era que... aquel loco me había hecho sonreír.
—¿Te has quedado mudo de repente? —se mordió el labio inferior y se levantó— Bueno, yo ya te he invitado. Sabes donde encontrarme.
Y dicho eso se fue. ¿Quién era ese individuo? Y lo más importante... ¿Por qué me hacía sentir así? Me quedé embobado unos cinco minutos mirando el sitio del que se había levantado, recordando su sonrisa. ¿Estaría allí por la tarde? Solo había una forma de averiguarlo. Llevaba media hora echado en el sofá, dándole vueltas a la cabeza. Decidí adecentarme un poco para volver al mismo parque, deseando con todas mis fuerzas encontrármelo allí. Llegué a eso de las cinco, pero no había nadie. Me entristecí, y me enfadé conmigo mismo. Me quedé de pie en frente del banco, nuestro banco, con la mirada perdida.
—Soy un id... —dije para mí mismo, pero fui interrumpido antes de terminar.
—¿Me buscabas?
Me giré y ahí estaba Minho. Se había cambiado de ropa, esa vez llevaba unos pantalones bastante ajustados, lo observé y no dudé en que le quedaban genial.
—¿A quién? ¿A ti? No. —mentí.
—¿Y por qué eres un idiota?
Mierda, me ha escuchado. No supe que contestar, me di media vuelta decidido a marcharme algo avergonzado, pero una mano me detuvo.
—Yo sí te buscaba.
Y se me paró el corazón. ¿Qué acababa de decir exactamente ese loco? Aunque una parte de mí estaba deseando escuchar eso. Nos sentamos y nos pasamos toda la tarde hablando, de todo y de nada. Me sentía bien estando con él, a pesar de que sólo fuese un desconocido. No me contó mucho sobre él, y tampoco fue necesario que yo diese detalles sobre mi vida. Lo único que sabíamos era que nos agradaba estar juntos. Y así pasaron los días. Estando mañana y tarde con él, disfrutando de cada minuto, de cada momento que pasábamos juntos. Pero una mañana no vino, ni a la tarde, ni al día siguiente, ni al siguiente más. ¿Qué había pasado? Me preocupé, de veras que lo hice. Además, no tenía su número, ni sabía donde vivía, ni tenía manera posible de localizarlo. La angustia me estaba matando hasta el punto de llegar a la desesperación. Perdí la esperanza, perdí todo, y me quedé en casa durante los días siguientes. No quería volver a encontrarme aquel banco vacío. No quería volver a recordarlo, ni a él, ni a su sonrisa, ni a sus tonterías, ni a su forma de alegrarme el día... No quería saber nada de nadie. Él era todo lo que tenía, y de un día para otro había desaparecido de mi vida. Pasó una semana y yo seguía encerrado en casa, con el teléfono encendido con la irónica esperanza de recibir una llamada de alguien que ni si quiera tenía mi número. Y de repente alguien tocó el timbre. Imposible.
—Sorpresa. —creí que me iba a dar un infarto.
Del enfado que tenía encima, le cerré la puerta en las narices. ¿Quién se creía que era? ¿Desaparece y vuelve como si nada hubiese ocurrido?
—Tae... escúchame... —dijo desde el otro lado de la puerta.
—¿Qué quieres? —tenía ganas de llorar.
—Déjame pasar y te explico —hizo una breve pausa, pude escuchar sus sollozos—, por favor.
Abrí la puerta con la mirada clavada en el suelo, no quería verle, no quería hablarle, pero me moría por saber la razón por la que había desaparecido sin más. La cerré y me senté en la cocina, todavía sin cruzar mis ojos con los suyos. Se sentó en frente de mí y me cogió la mano.
—No me toques. —repliqué separándome de él.
Noté el dolor en su mirada, pero tenía mis motivos para comportarme así y él lo sabía.
—Me voy dentro de un mes.
Se hizo el silencio. ¿Qué acababa de decir? No entendía nada.
—Desapareces —me mordí el labio y aguanté las lágrimas—, y cuando vuelves... ¿es para decirme que te vuelves a marchar? Será una broma.
—No sabía como decírtelo, me duele más a mí que a ti.
—Lo dudo —interrumpí.
—Son asuntos familiares que he intentado solucionar durante esta última semana, pero no ha habido manera posible de hacerlo —su miraba reflejaba angustia—. Y dentro de un mes tendré que marcharme a Estados Unidos.
No sabía si creerle. No sabía si lo que decía era cierto o no. Al fin y al cabo, seguía siendo un desconocido para mí. Pero me estaba doliendo escucharle, me dolía como si me estuviesen clavando una estaca en el corazón. ¿No lo iba a volver a ver? No podría vivir con ello. Seguía callado.
—Por eso... quiero hacer de este mes el mejor de tu vida. No quiero que tengas un mal recuerdo cuando me vaya. Y quizás, solo quizás, dentro de unos años volvamos a encontrarnos.
No aguantamos más y rompimos a llorar. Era el comienzo del final.
—Te quiero. —dijo mirándome a los ojos.
No le contesté. No podía, sentía que me iba a romper en mil pedazos.
—Vete. —mi voz sonó quebrada.
—Está bien —se levantó, se acercó a mí y me besó en la frente—. Mañana estaré donde siempre, en nuestro banco. No te estoy diciendo que vengas, solo te estoy diciendo que yo sí estaré allí.
Escuché como se cerraba la puerta, y el silencio y la angustia me invadieron. Un mes... un maldito mes. No era capaz de imaginarme una vida sin él. Esa última semana había sido un infierno para mí por no tenerlo a mi lado, ¿qué iba a ser de mí? Pasé toda la tarde así, mirando a la nada, totalmente quieto y desesperado. Tenía que haber una solución. Me desperté sin ánimo, pero más relajado que el día anterior. Miré la hora y me alteré, eran ya las doce. ¿Y si no sigue allí? Me di una ducha de cinco minutos y me vestí lo más rápido que pude. No eran ni las doce y media y yo ya estaba de camino al parque. No corría pero iba a paso ligero, no podía perderle. Estaba sentado en nuestro banco, cabizbajo. Me acerqué y me puse en frente de él, alzó la cabeza y se le iluminó la mirada.
—Has venido.
—¿No me digas?
Rió y se levantó. Me cogió de la mano y comenzó a caminar.
—¿A dónde se supone que vamos?
No contestó y siguió caminando. Estaba intrigado por saber qué era lo que tenía preparado. Aunque ya podía ser bueno, todavía no se me había pasado el enfado. Nos detuvimos en una parada de bus.
—Tranquilo, pago yo.
Seguíamos cogidos de la mano, y me sentía bien. Subimos en el primer bus que paró, pero no me dejó mirar el destino. El viaje duró una media hora, y cuando llegamos se me abrieron los ojos como platos. Estábamos en frente de un parque de atracciones al que no iba desde que era muy pequeño. Mis recuerdos sobre él estaban borrosos, pero a la vez eran magníficos. Seguía exactamente igual.
—¿Vas a quedarte mirándolo o me vas a acompañar? —preguntó sacándome de mis pensamientos.
Asentí, parecía idiota, pero es que no tenía palabras en ese momento. Bajamos del bus y me volvió a coger de la mano, se me llenaron los ojos de lágrimas de la emoción. Nos detuvimos ante lo que parecía ser la cola para la montaña rusa, y di un paso atrás.
—No pienso subirme ahí.
—Claro que lo harás —afirmó seguro de sí mismo.
—Te he dicho que no.
Me rodeó la cintura con los brazos y acercó sus labios a mi oído.
—Y yo te he dicho que sí. Yo estaré contigo.
No me tranquilizaban lo más mínimo sus palabras, pero asentí. No me gustaban las alturas. Tuve que tragarme mis palabras cuando bajamos de la atracción, pues había sido una de las mejores experiencias de mi vida.
—¿Ves como te ha gustado?
—Pero ahora estoy despeinado. —dije indignado.
Rió y se acercó a mí de nuevo.
—Para mí sigues estando perfecto. —susurró a pocos milímetros de mis labios.
Nos quedamos así unos segundos, mirándonos a los ojos, y finalmente nos fundimos en el beso más reconfortante que había dado nunca. Fue suave, cariñoso, dulce. No me habría separado nunca si por mí fuese. Comimos allí y montamos en unas cuantas atracciones más. Parecíamos dos niños pequeños, pero no me importaba lo más mínimo. Finalmente volvimos a la parada del bus, pero llegamos tarde. Volvimos andando y se empeñó en acompañarme a casa.
—Gracias —susurré en su oído cuando estábamos en mi portal.
Se despidió con un beso y se marchó. Y así pasamos el mes, viéndonos todos los días, haciendo alguna escapada al parque de atracciones de vez en cuando. Cumplió su promesa, e hizo de ése el mejor mes de mi vida. Pero todo lo bueno se acaba, y llegó el día de la despedida. Me había llevado a desayunar y finalmente nos encontrábamos en el aeropuerto. Intentaba sonreír, pero no podía, y él tampoco. Estábamos esperando a que lo llamasen, y yo me estaba destrozando por dentro. Días atrás habíamos decidido que no nos daríamos el número, ni el correo, ni nada con lo que nos pudiésemos comunicar. Sabíamos que si lo hacíamos, ninguno podría hacer una vida nueva, y eso terminaría por matarnos de dolor.
El vuelo para Estados Unidos saldrá dentro de quince minutos. Por favor, vayan pasando.
Tras escuchar eso nos miramos, le sonreí, pero fue una sonrisa demasiado fingida. Le abracé con todas mis fuerzas, él parecía no tener ánimos, y me estaba rompiendo el alma.
—Prométeme que volverás —susurré en su oído.
—No sé cuando —le costaba hablar, tenía la voz rota—, pero lo haré.
Rompimos a llorar como si no hubiese mañana, le besé una y otra vez, y cuanto más lo besaba más me dolía hacerlo. Se estaba yendo, y se estaba llevando mi alma con él. Lo vi marcharse, pero las cosas eran así, y tendría que aprender a vivir con ello. Llegué a casa totalmente destrozado, jamás lo olvidaría. Me dirigí a mi habitación y saqué una caja que me había dado él, pero había jurado no abrirla hasta ese día. Había un par sobres, con los números 1 y 2. Cogí el 1 y lo abrí para leer la carta que había dentro.
Lee esto a medida que vas sacando los objetos.
Lo primero que saqué fue una pulsera de cuero que no parecía nada nueva.
La llevaba puesta el día que te conocí, digamos que es mi amuleto de la suerte desde aquella, y quiero que la tengas tú.
Dejé la carta de lado para secarme las lágrimas que ya habían comenzado a caer por mis mejillas. Lo siguiente era un marco de color azul cielo, y en él había una foto nuestra, la única que nos habíamos sacado. Yo le había dicho que la borrase, que no me gustaba como salía, pero en ese momento di gracias a Dios porque no me hubiese hecho caso.
Puedes ponerla de cara a la pared si quieres, pero por lo menos, tenla contigo.
—Imbécil... —dije para mí.
Después encontré las entradas del primer día que fuimos al parque de atracciones, la fecha estaba subrayada.
El día más especial de mi vida.
—Y de la mía... —susurré entre sollozos.
Por último me quedaba coger el sobre 2. Lo abrí con las manos temblorosas, y procedí a leer la carta que había dentro.
Lo siento.
Lo siento por el daño que te he hecho. Nunca ha sido mi intención herirte.
Iluminaste mi vida desde el primer momento. Yo era un ser solitario, no tenía amigos, pero apareciste tú como si nada. Llegué a creer que no existías, que eras producto de una desgastada imaginación. Pero no, te sentía, eras real. Los días a tu lado eran geniales, el único defecto que tenían era lo rápido que pasaban.
Pero entonces recibí una mala noticia, pésima noticia a decir verdad. No me gusta hablar de mi familia, y menos aún de los problemas que tengo en ella, pero siento que debes saber la razón por la que me he marchado. Me siento un cobarde por no decírtelo en persona, pero no he podido. Juro que lo he intentado, pero me ha sido imposible.
Mi padre ha muerto y me han dicho que mi madre está muy grave. ¿Que por qué he esperado un mes para marcharme? Es complicado, no podía ir justo después de la muerte de mi padre. Estaba metido en problemas y no habría salido bien de ahí.
Pero esto no es algo de lo que te debas preocupar, estaré bien.
No quiero pasarme de extenso, solo te diré que gracias, por haber hecho que mi vida tuviese sentido. Por haberme dado una razón por la cual levantarme cada mañana. Por haberme hecho creer en el amor.
No sé si nos volveremos a ver o no, pero me gustaría creer que esto no es un adiós, si no un hasta luego.
Te quiero, y siempre lo haré,
Choi Minho.
Mi votación es de 2 sobre 3 ^^
ResponderEliminarEl oneshot está muy bien narrado y tengo que reconocer que he llorado con el final porque ha sido maravilloso pero triste T_T Sin embargo, el principio no me lo he podido tomar muy enserio porque aunque los fanfics son eso, ficción, he encontrado demasiado surrealista que se enamoren encontrándose en un banco en el parque jaja Sin embargo, la manera en la que narras los sentimientos del 2min es maravillosa y el tema del principio es lo que me ha hecho darte un 2, pero me ha encantado y he disfrutado leyéndolo a pesar de que he sentido cierta angustia por la separación de los dos ^^
Pongo un 3 sobre 3. *^*
ResponderEliminarEs el que más me ha gustado. No hay faltas de ortografía y está todo bien escrito y narrado. Además es amor a primera vista. (Obvio Taemin y Minho están hechos el uno para el otro) *A*
Hay algunos momentos que me dejan extrañada :/ pero supongo que es normal en los oneshot.
El final me dejó con ganas de más. Espero que tenga continuación y se reencuentren. <3
Mi votación es un 3 ^^
ResponderEliminarCreo que para mi gusto esta muy bien narrado. Aunque el final es bastante triste, solo espero que si decides continuarlo se vuelvan a encontrar y acaben juntos.
Ademas se han enamorada de una forma bastante bonita, y muy parecida a los mangas, cosas que me ha gustado bastante jajaja <3.
Pero la manera en que describiste los sentimientos de ambos y lo mal que lo pasaban que me ha emocionado mucho.
Maravilloso <3
La nota que le pongo es un 3. Me gusta como está narrada, además de que no hay faltas de ortografía, cosa muy importante, el final es triste, queremos saber si se reencuentran *O* , pero quitando la tristeza es muy bonito :D
ResponderEliminarLe pongo un 3! la verdad, la narración esta muy bien hecha y
ResponderEliminarnecesito continuación!!
Odio eso de los One shots!!
:3 Suerte!!
Le doy un 3!! Estoy de acuerdo con las anteriores votaciones, me quedo con ganas de continuación!! Espero que pronto la veamos :)
ResponderEliminarMi voto es un 3 :)
ResponderEliminarLo primero es que está muy bien escrita y narrada que es lo que más se agradece.
Además la historia es original y me gusta cómo se desarrolla todo, los momentos que tienen, las personalidades de ambos...la historia está llena de amor. Por último me encanta el final, es precioso, y los detalles de Minho <3.
Suerte con el concurso!
Me ha encantado *w* Le doy un 3! Mis sentimientos Shawol-2Min shipper han salido a flote <3 El final, con los regalillos de Minho, aish, quien me los diera a mi *_* <3
ResponderEliminarLe doy un 3, la historia es muy bonita, y el final precioso ;; , esta muy bien narrado y la ortografía es buena :3
ResponderEliminarMi puntuación es de un 2. Está muy bien narrado y la ortografía es buena y lo valoro bastante. Pero el principio, como se enamoran me ha parecido muy repentino, he echado de menos algo más de desarrollo ahí.
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